Una identidad propia más allá de la D.O.

El río Duero, que baña los viñedos de la Ribera a lo largo de 150 kilómetros, ha dejado en ellos un poso de más de 2000 años de historia. Variedades autóctonas y terrenos difíciles imprimen a sus vinos un carácter en peligro si
La Ribera del Duero es una franja de 150 kilómetros de longitud, repartida entre las provincias castellanoleonesas de Segovia, Soria, y -principalmente- Burgos y Valladolid. El clima mesetario puede definirse como mediterráneo continental, y se caracteriza por sus inviernos más bien rigurosos y las escasas precipitaciones (entre 300 y 550 litros por m2 al año). Sin embargo, el Duero le aporta un toque especial, generando un microclima algo más húmedo y con espesas nieblas en la temporada fría. La altitud, que en algunos puntos alcanza los 900 metros, unida a las particularidades del clima y a la austeridad de los suelos, le dan a la uva una maduración lenta y un carácter único. En los tiempos en los que los vacceos comenzaron a producir vino (como queda atestiguado por yacimientos arqueológicos como el de Pintia), a buen seguro el paisaje era más agreste y variado. Sin embargo, y aún tras un último siglo de roturación exhaustiva y concentración parcelaria, quedan aún bosquecillos y ribazos de pinos, encinas, quejigos, enebros y sabinas. Los chopos y los sauces abundan en los bosques de ribera. Estas manchas de vegetación constituyen también oasis para la vida animal, ofreciendo refugio a corzos, garduñas, tejones, nutrias e incluso jabalíes. Durante siglos, la actividad vitivinícola continuó a través del dominio romano, visigodo y musulmán. Hacia el siglo XIII, aparece constancia de las primeras bodegas excavadas. La producción alcanzaría su auge en los siglos XVII y XVIII, pero más tarde, a causa de ciertas características de la zona como su mala comunicación por ferrocarril, la Ribera quedó fuera de los procesos de modernización industrial que se acometieron en otras regiones. Con el siglo XX y la llegada de la epidemia de filoxera, el viñedo se retira hacia terrenos áridos y pedregosos debido a la extensión del regadío, el éxodo rural, la concentración parcelaria y a la difusión del cereal. Este aislamiento evitó en aquella época la importación de variedades de uva foráneas y de mayor rendimiento y favoreció a la variedad tradicional del tempranillo -o Tinta del País-. Sin embargo, en la década de los 60 comenzaron a florecer una multitud de pequeñas cooperativas, que surtían de vinos jóvenes y baratos al entorno local. Es de esta organización de base de donde surgiría a principios de los 80 el impulso de creación de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Sin duda fue precisamente el anonimato anterior del que la región disfrutaba en cuanto a la producción de vinos, el que rápidamente la lanzaría y convertiría en epíome de vinos de imagen tradicional y de fuerte vínculo con su procedencia geográfica. El encanto de uva autóctona cultivada en terrenos difíciles aportaron una posibilidad de diferenciación a la Denominación de Origen desde su creación. Con el éxodo rural del desarrollismo la Ribera, al igual que la meseta en general, sufrió una gran pérdida de población. Sin embargo, en los últimos En la actualidad, Ribera del Duero abarca casi 22.000 hectareas, agrupando a más de 8000 viticultores y 230 bodegas. La variedad más cultivada con diferencia es el Tempranillo, seguida a distancia por las Cabernet Sauvignon, Garnacha tinta, Malbec y Merlot. La Albillo es la única variedad blanca autorizada. Es por ello que algunos viticultores como Jesús Lázaro (el primero en producir un vino de Ribera con certificado ecológico) se resisten a arrancar las viejas viñas para plantar tempranillo, y hayan comenzado a experimentar con otras variedades, a pesar de que queden fuera de la demarcación de la Denominación de Origen. Los últimos vinos de la bodega Kirios de Adrada, producidos por Jesús Lázaro, incluyen garnacha , moscatel y pirulés, una variedad totalmente autóctona. En los últimos años, la apuesta por lo ecológico ha ganado terreno en toda la Comunidad Autónoma. Desde las viviendas sociales ecosostenibles en Valbuena de duero, hasta la explotación de La Solana, que produce en biodinámico un gran volumen de legumbres y cereales... Cada vez más viticultores se están acogiendo al sello ecológico del Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León (CAECYL) y de la D.O. al mismo tiempo. En 2001, los viñedos ecológicos ocupaban según el CAECYL aproximadamente 1520 hectáreas en las provincias de Soria, Segovia, Burgos y Valladolid. Haciendo un cálculo rápido, un 6'7% de la extensión total de viñedo de la Ribera. En el mismo año, eran 22 las bodegas que se acogían a aquel organismo para certificar el proceso de elaboración. Sin duda queda aún por delante un largo camino que recorrer, pero la tendencia es clara. La identidad única de los vinos Ribera del Duero pasa por estar hechos en la viña, una viña vieja, adaptada a las inclementes particularidades climáticas del terruño...
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